Las verdaderas historias de terror de una empresa no suelen comenzar en una casa abandonada. Empiezan con una notificación que nadie abrió, una factura que no puede justificarse, un contrato mal planteado o un impuesto para el que no se había reservado dinero.
La mayoría de estos problemas se pueden evitar. La clave está en revisar la gestión fiscal, laboral, contable y jurídica antes de que un pequeño descuido se convierta en una reclamación, una sanción o una pérdida económica.









